En 1974 nace Comptoir Sud Pacifique gracias a la imaginación de una pareja guiada por la curiosidad y la pasión hacia la belleza de las materias. Alimentados por su amor hacia la libertad y los viajes, comenzaron con esta fascinante aventura. Tras numerosas rutas que les acercaron a esencias escasas e inusuales, vuelven a París trayendo consigo diferentes variedades de flores, resinas y frutas que les ayudan a formar una colección de aromas que se adaptan a sus deseos, a los que después designarán nombres encantadores.

No necesitaron demasiado tiempo para crecer y alcanzar el éxito ante el público entusiasta que supo valorar los códigos que caracterizaban a la perfumería. Las fragancias se fueron enriqueciendo a base de la experiencia y años en aquel mercado, y agrandaron su familia hasta alcanzar treinta perfumes. En 2011 la casa pasa a manos de Valerie Pianelli, una joven y apasionada empresaria que toma las riendas de la firma y continúa la aventura junto a un gran equipo.

Tanto los creadores de la marca como su sucesora coinciden en su forma de percibir el mundo a través de los olores, primero desde su país de nacimiento, y después en sus numerosos viajes a lo largo del mundo. Si a esto le sumamos fascinación por el mundo de las plantas, el interés por la riqueza de las materias naturales y un perfil preparado a nivel científico, obtenemos como resultado una casa que logró unirse a Pierre Fabre (uno de los grandes laboratorios franceses) cuya filosofía es “La naturaleza al servicio de la belleza”.